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Por favor valide su correo a través del enlace que enviamos a:. Soy una chica normal, voy en metro, trabajo todos los días en una oficina, me llevo bien con mis vecinos. Fisgónclub es la web de sexo amateur, directo e interactivo, en la que me he instalado para dejarme ver desnuda por la mirilla de la puerta del siglo: Es cierto que no soy precisamente virgen en esto del cibersexo, pero una cosa es hacerlo alguna noche por el msn y otra muy distinta es ser parte de un club en línea de chicas que se exhiben y se tocan a gusto del cliente y a cambio de dinero.

Pese a que hay sexo y una transacción económica de por medio, no se trata precisamente de prostitución virtual. Una webcamer es a una puta lo que una stripper es a una actriz porno. La webcam es una especialidad como cualquier otra dentro del mundo del entretenimiento. La mía es meterme en la cama para prestar servicios sexuales sin derecho a roce. Aunque ellos pagan, yo tengo el poder. En realidad soy mucho peor que una puta.

Las putas entregan su cuerpo pero no su alma. Yo ni siquiera el cuerpo. Soy una película que te saluda y te responde, que te llama de manera cariñosa y si quieres hasta puede charlar contigo el tiempo que quieras. Mejor para mí si solo quieres hablar. Algunas actuamos con antifaz o peluca, otras muestran la cara sin saber si el que se masturba al otro lado es un conocido, incluso un familiar.

A algunas les da morbo que un hombre las reconozca en el ascensor. Pero lo nuestro es la interpretación, la puesta en escena de fantasías de gente que ni siquiera es gente, de avatares, de espectros dueños de nicks ridículos que nos piden introducirnos los dedos en la vagina, introducirnos vibradores, cualquier cosa que puedan imaginar como sus penes. Los pocos fisgones que tienen encendidas sus webcams, las dejan fijas enfocando sus discretos miembros erectos mientras imaginan que la mano que los coge no es su propia mano sino nuestra mano.

Pegan sus glandes a nuestras bocas hechas de píxeles y expulsan sus lluvias digitales sobre nuestros cuerpos de pantalla plana. No somos Lara Croft, sino la perra de la vecina. Por eso nos aman. Este es mi espejo. Sola y lista para transmitir. Mierda, mierda, mierda, digo como en el teatro. Pechos grandes, lengua larga". Así me he publicitado durante toda la semana, con una serie de mentiritas piadosas para mí misma.

La he abierto como si abriera una persiana y mis vecinos de decenas de edificios virtuales pudieran asomarse a ver cómo hago el amor conmigo misma. Me preparo como si fuera a tener sexo real. Sigo obedientemente la liturgia del aseo, de la depilación, del vestuario sexy. Lencería negra, medias de rejilla y maxigafas en la ilusión de no ser reconocida: Pongo a mi alcance dos vibradores, uno negro y el otro groseramente grande.

Ayer no era sexógrafa sino un onanista en piyama y con la mano dentro del pantalón llamado Feliciano. Estuve chateando con las chicas. Tienen entre 18 y 50 años y, muchas de ellas, ni siquiera son guapas. Hasta se les hace seguimiento psicológico para comprobar que no les afecta tratar con gente como yo Feliciano. Al final se trata de sexo y el sexo tiene una parte juguetona y otra muy seria. El chico que se encarga es un testigo silencioso. A Virginia le toca cumplir el papel de madre y guía espiritual.

Las chicas la llaman para contarle que tienen una infección vaginal y preguntarle qué contestar en esos casos si alguien les pide que se metan algo. O para consultarle cómo pueden trabajar con la menstruación. Para llegar aquí, todas pasaron por una entrevista y un casting en el que tuvieron que desnudarse. No buscaban cuerpos perfectos, operados y sin gramos de grasa, sino personalidades morbosas.

Los criterios nunca son estéticos. Fuera de la realidad virtual las webcamers son vendedoras, camareras, hay algunas amas de casa, estudiantes de intercambio, monitoras de aeróbic, peluqueras, redactoras, varias administrativas, una de Recursos Humanos, una dietista, una publicista y una masajista.

Pueden montarse el horario que les dé la gana, por la mañana o por la tarde, pero no pueden permitirse conocer al usuario ni dar datos personales. Para muchas es el trabajo ideal, si hoy no pueden lo dejan para el día siguiente. Pueden llegar a ganar 2. Pero lo habitual son euros por seis horas. Es pequeña, delgada, ojos achinados, tiene el cabello oscuro y piercings en los labios.

Lo que pasa con ella es que, precisamente, se divierte. Ahora por ejemplo junta sus delicados y blancos pechos y saca la lengua como si fuera a saborearlos. Hace cinco años se dedicaba a clavar agujas en las partes tensas de la gente.

Al poco tiempo ya estaba trabajando con la webcam desde su casa. A veces la filma su novio, como en el cortometraje en que aparece bebiendo de una caja de vino y orinando a la vez en los muros de un parque madrileño.

Tiene otra en la que da clases de cocina japonesa con ingredientes corporales y aquella en la que se coloca cual estatua viviente en una plaza con un cartelito en el que se lee: Míralo, ahí lo tienes. Me sentí complacida con su obediencia. Alicia suele trabajar en las mañanas. Por lo general atiende a ejecutivos, mandos medios, jefecitos con corbatas y despachitos propios que a las 11 del día ya empiezan a tener un poco de apetito y lo sacian con ella. Ya Alicia no sabe qué inventar para entretenerlos.

Son sus clientes fijos y por tanto, dinero garantizado. Puede pasarse varios meses con un tipo que se ha obsesionado y que se conecta a veces solo para conversar.

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En realidad soy mucho peor que una puta. Ya Alicia no sabe qué inventar para entretenerlos. Es hora de probar una rutina en la casa o la oficina: Les recomendamos a todos nuestros usuarios optar por la versión Flash del chat actualmente en uso. Lencería negra, medias de rejilla y maxigafas en la ilusión de no ser reconocida: prostitutas cam cuatro prostitutas

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