El oficio mas antiguo del mundo

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No obstante, esto no ha frenado la venta de sexo. La solución la han encontrado las propias chicas, que se han trasladado a la frontera del territorio vedado, sobre todo a la calle del Valle de la Tobalina y a la avenida Real de Pinto.

Ambas vías sirven como nuevos ejes para la prostitución en horario nocturno. Luego, con la salida del sol, vuelven a sus posiciones anteriores. Los días de mayor actividad son los fines de semana. Muchos hombres jóvenes deciden acabar una noche de fiesta en brazos de una hetaira. Ellas lo saben y, desde las Los vehículos se detienen y descargan su cargamento de carne. Como si de militares bien entrenadas se tratase, cada una tiene bien claro dónde debe colocarse.

Un trozo de acera para cada chica y una zona para cada nacionalidad. Se suelen distribuir en grupitos de dos o tres. Una de ellas se turna para atraer la atención de los conductores, mientras que las otras dos descansan en un segundo plano. Esta forma de trabajar suele darse sobre todo entre las prostitutas de raza negra y las originarias de Europa del Este. En general, se trata de chicas muy jóvenes y sin demasiada autonomía. Son llevadas al trabajo desde un piso donde suelen residir con otras compañeras.

Cuando concluyen su turno, la misma furgoneta viene a buscarlas para devolverlas al hogar. Al menos hasta que paguen la deuda que pueden haber contraído al venir a España. Aseguran estar en Marconi para ganar un dinero con el que mantener a sus familias en sus países de origen.

Pocas se prestan a hablar abiertamente con la prensa o con alguien ajeno a su círculo. Temen meterse en problemas con los hombres que las controlan o que, de alguna manera, sus parientes lleguen a enterarse de lo que realmente hacen en Madrid. En su caso, se trata de mujeres que viven en la marginalidad y que, en ocasiones, venden su cuerpo para costearse su dosis diaria de droga.

Alejados de todos estos grupitos y etnias se encuentran los travestis, un colectivo que ocupa su propia calle y cuyos miembros procuran vigilarse entre ellos para evitar ser objeto de agresiones. Suele haber una mayor concentración de estos residuos en los callejones donde los conductores se esconden para practicar sexo. La prostitución callejera tiene muchas caras. La Unión Europea modificó el año pasado algunos criterios internacionales que se venían usando para cuantificar el Producto Interior Bruto.

Finalmente, determinó que en España lo ejercían Los precios que se pagan por sexo son abismales dependiendo de la zona donde se compre el cuerpo. Son las 12 del mediodía. En tanga, con los senos al aire , con una raya del ojo bien marcada y que no guarda ninguna sintonía con el perfilador de sus labios.

Así esperan estas mujeres del sexo a ser rescatadas para obtener desde 10 euros la felación hasta 25 euros por cada acto de placer completo que proporcionan.

A plena luz del día. Lo peor de esta zona es que no quieren pagar mucho. Una mujer de la Europa del Este que no supera los 40 confirma, apostada en la vía Resina, que ése es el precio que se paga por el sexo en Marconi. Desde los 10 a los 25 euros.

Como si de militares bien entrenadas se tratase, cada una tiene bien claro dónde debe colocarse. Un trozo de acera para cada chica y una zona para cada nacionalidad. Se suelen distribuir en grupitos de dos o tres. Una de ellas se turna para atraer la atención de los conductores, mientras que las otras dos descansan en un segundo plano.

Esta forma de trabajar suele darse sobre todo entre las prostitutas de raza negra y las originarias de Europa del Este. En general, se trata de chicas muy jóvenes y sin demasiada autonomía. Son llevadas al trabajo desde un piso donde suelen residir con otras compañeras. Cuando concluyen su turno, la misma furgoneta viene a buscarlas para devolverlas al hogar. Al menos hasta que paguen la deuda que pueden haber contraído al venir a España.

Aseguran estar en Marconi para ganar un dinero con el que mantener a sus familias en sus países de origen. Pocas se prestan a hablar abiertamente con la prensa o con alguien ajeno a su círculo. Temen meterse en problemas con los hombres que las controlan o que, de alguna manera, sus parientes lleguen a enterarse de lo que realmente hacen en Madrid. En su caso, se trata de mujeres que viven en la marginalidad y que, en ocasiones, venden su cuerpo para costearse su dosis diaria de droga.

Alejados de todos estos grupitos y etnias se encuentran los travestis, un colectivo que ocupa su propia calle y cuyos miembros procuran vigilarse entre ellos para evitar ser objeto de agresiones.

Suele haber una mayor concentración de estos residuos en los callejones donde los conductores se esconden para practicar sexo. La prostitución callejera tiene muchas caras. Se trata de adictas capaces de casi cualquier cosa por conseguir su dosis de cocaína. María nombre figurado es una de estas personas. Esta mujer de 32 años aseguró que no es una prostituta habitual. La meretriz admitió que una parte de lo que iba a ganar esa noche estaría destinado a pagarse la droga.

Esta joven manifestó que, en la zona del polígono de Marconi, la mayor parte de las prostitución se mueve a través de mafias. A cierta distancia de la mujer, los conductores de tres coches de aspecto destartalado vigilaban a sus pasajeras mientras esperaban el momento de recibir su parte del pastel. Mejor no mezclarte con ellos", declaró María en referencia a estos taxis de la droga, reconvertidos en transportes para meretrices.

Vivienda edición impresa Multimedia Blogs Especiales Hemeroteca elmundo. En tanga, con los senos al aire , con una raya del ojo bien marcada y que no guarda ninguna sintonía con el perfilador de sus labios. Así esperan estas mujeres del sexo a ser rescatadas para obtener desde 10 euros la felación hasta 25 euros por cada acto de placer completo que proporcionan.

A plena luz del día. Lo peor de esta zona es que no quieren pagar mucho. Una mujer de la Europa del Este que no supera los 40 confirma, apostada en la vía Resina, que ése es el precio que se paga por el sexo en Marconi.

Desde los 10 a los 25 euros. Y mientras lo cuenta, se apea de un vehículo una jovencísima y bella mujer rubia de ojos azules. Prefiere no pronunciar una palabra.

La Policía Nacional de Villaverde confirma que la zona es peligrosa para estas chicas, mayoritariamente del Este de Europa. La actividad es continua durante las 24 horas.

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